Viven terror con secuestro virtual

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El no contestar llamadas de números desconocidos y mantener abiertas las comunicaciones, entre otras medidas de seguridad, son algunas de las enseñanzas que dejó a una familia el secuestro virtual de su hijo menor.

El día del secuestro, el menor no asistió a la escuela, pero lo despertó una llamada telefónica que, pese a provenir de un número desconocido, decidió contestar y lo primero que escuchó fueron amenazas para él y su familia, además de insultos.

La mamá indicó que los delincuentes le dijeron al menor que lo tenían rodeado y en la mira, y que si no seguía sus instrucciones le podían hacer daño a su familia.

Alrededor de las 11:30 de la mañana, la señora recibió una llamada por parte de los secuestradores, quienes enlazaron la comunicación con el menor, y de esa forma afirmaron que lo tenían secuestrado.

Detalló que tomó valor para no quebrarse al momento de recibir la llamada, trató de estar lo más tranquila posible para conversar con los delincuentes, y tomar acción para comunicarse por otra vía con su esposo y familia, pues los secuestradores no colgaban el teléfono.

Tras comunicarse con su esposo, él tomó la llamada y dialogó para negociar, y en un momento decidió colgar la llamada.

Ambos afirmaron que una de las decisiones más difíciles fue la de denunciar o no el secuestro ante las autoridades, lo hicieron y en menos de una hora un grupo especializado de la Procuraduría General de Justicia (PGJE) llegó a su domicilio, había psicólogos, elementos de investigación, especialistas que guiaron la negociación y otros con tecnología para detectar de dónde provenía la llamada.

Dijeron que los delincuentes no dejaban que el menor colgara el teléfono, por lo que duró más de cinco horas continúas ocupado, sin poder comunicarse.

Una de las ventajas que se registró en este caso, es que el menor no tenía acceso a dinero, pues únicamente tenía 150 pesos, con los cuales los maleantes le dijeron que comprara un chip de celular para restringir aún más la comunicación con la familia, pero no logró colocárselo.

Al no contar con más recursos, los plagiarios no lograron que se encerrara en algún hotel o viajara a otro lugar.

De esta forma el celular seguía con su número telefónico, y decidieron enviar mensajes de texto, no por vía de plataformas como WhatsApp, sino SMS, y también mails, los cuales comenzaron a llegar al celular del menor y lograron que colgara.

La tecnología de la PGJE rastreó ambos dispositivos, el menor estaba en León y los delincuentes en las inmediaciones del penal de Altamira, Tamaulipas; de esta forma lo que se pensó que era un secuestro, se convirtió en un extravío.

Afirmaron que una señora encontró al menor, y lo vio en tres ocasiones diferentes vagando por la calle, y la cuarta acudió a él y al verlo en estado de shock decidió refugiarlo en su casa para su protección. Cuando llegaron los ministeriales la mujer no dejó que entraran sino hasta que el menor reconociera a una persona.

Entre los consejos que compartieron indicaron que es necesario no contestar llamadas de números desconocidos, colgar cuando se trate de una llamada de extorsión, que los menores no tengan acceso a dinero fácil o tarjetas de crédito, pues esto es aprovechado por los maleantes para alejarlos más de su hogar, aunado a ello el contar con claves de acceso a dispositivos, redes sociales, correos electrónicos y sobre todo números de teléfono para buscar diversas vías de comunicación para de una u otra forma lograr el contacto.

Indicaron que lo más importante también fue la decisión de denunciar, pues los elementos los ayudaron en las pláticas, en identificar el origen de la llamada de los delincuentes, y sobre todo en localizar al menor extraviado.

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