Irapuato.- No hay otra ciudad en México donde se viva con más miedo que en Irapuato.
Según los resultados de la ENSU del INEGI publicados este 24 de abril de 2026, el municipio ha tocado fondo al posicionarse como el lugar con la mayor percepción de inseguridad en todo el país, registrando un 92.1 % de percepción de inseguridad. En términos reales, esto equivale a que 9 de cada 10 habitantes viven bajo un estado de alerta permanente, superando el 87.3 % reportado en el trimestre anterior y confirmando un deterioro sostenido en la sensación de riesgo.
Los resultados de la ENSU han encendido las alertas en Guanajuato, pues mientras el país registra una ligera baja en la inseguridad percibida situándose en un 61.5 %, los principales municipios del estado mantienen una tendencia opuesta.
El contraste es evidente: Irapuato, la ciudad fresera, rompe récords negativos, León reporta un 76.2 % (8 de cada 10 ciudadanos) y Guanajuato capital alcanza un 68.7 % (7 de cada 10). Esta brecha marca una crisis regional que ignora las estadísticas nacionales de mejora.
Esta problemática estructural se refleja en que, a nivel nacional, el 61.5% de la población urbana se siente insegura. Sin embargo, la persistencia de diferencias tan marcadas entre regiones como Irapuato y el promedio nacional evidencia que la percepción de seguridad no solo depende de tendencias generales, sino de realidades locales profundamente desiguales.
Un factor determinante en este pesimismo es la expectativa social: el 33.4% de los mexicanos teme que la situación empeore en el próximo año, una cifra que en ciudades críticas como Irapuato se dispara.
Este entorno de violencia se alimenta directamente de lo que la gente ve en las calles. La ENSU revela que el atestiguamiento de conductas delictivas como el consumo de alcohol en la vía pública, robos constantes y, especialmente, el reporte de disparos frecuentes con armas de fuego cerca de las viviendas, son los catalizadores que mantienen el estrés social en niveles máximos.
Esta atmósfera ha transformado la vida diaria de la población, siendo los cajeros automáticos (69.4%) y el transporte público (63.9%) los espacios donde se experimenta el mayor temor.
En respuesta a esta crisis, la ciudadanía ha tenido que modificar sus hábitos: hoy se evita portar objetos de valor, se restringe la salida de menores de edad y se ha reducido la movilidad nocturna. Todo esto ocurre bajo una marcada desconfianza hacia las corporaciones policiales locales, quienes pierden terreno frente a la credibilidad que la población aún conserva en instituciones como la Marina y el Ejército.
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