Salamanca.- Entre aplausos, oraciones y un profundo dolor, familiares, amigos e integrantes de colectivos de búsqueda dieron el último adiós a Patricia Acosta Rangel y su hija Katia Citlalli Jáuregui Acosta, madre e hija asesinadas el pasado 9 de mayo en Salamanca.
Las activistas, integrantes del colectivo “Salmantinos Unidos Buscando Desaparecidos”, fueron despedidas durante una misa de cuerpo presente celebrada en el templo de San Antonio Abad, donde decenas de personas acompañaron a la familia en medio de un ambiente marcado por la indignación, el miedo y el reclamo silencioso ante la violencia que golpeó nuevamente a una familia buscadora en Guanajuato.
Durante la ceremonia religiosa, los féretros permanecieron frente al altar, rodeados de flores blancas, fotografías y muestras de afecto de personas que reconocieron la labor de ambas mujeres, quienes desde 2024 comenzaron su activismo tras la desaparición de Miguel Ángel Jáuregui Acosta, familiar de ambas.
Patricia y Katia se unieron a las labores de búsqueda luego de que Miguel Ángel desapareciera el 8 de febrero de 2024. Más de un año después, en marzo de 2025, el joven fue localizado sin vida dentro de una fosa clandestina en la comunidad de La Ordeña, en Salamanca. Pese al dolor del hallazgo, ambas continuaron colaborando en búsquedas de otras personas desaparecidas.
Un familiar cercano expresó durante el sepelio la profunda frustración que enfrenta la familia ante lo que consideran una omisión constante de las autoridades frente a los hechos violentos que han marcado sus vidas.
“Mis hijos y su servidor creemos que es muy doloroso para nosotros no encontrar ayuda, apoyo o un poco de tranquilidad por parte de los gobiernos. Solo nos dijeron que revisarían las grabaciones y que verían qué podían hacer, pero cada vez que surge un problema de este tipo nunca hemos visto a ningún detenido”, declaró.
El hombre también dejó ver el temor con el que ahora vive la familia, al señalar que han decidido guardar silencio y no confrontar públicamente a las autoridades ni exigir resultados de manera directa, ante el miedo a represalias y la falta de confianza en que exista justicia.
“Es mejor dejárselo a Dios. No buscamos venganza ni mucho menos hablar de cosas que no debemos, porque somos gente de trabajo y no andamos buscando culpables. Tampoco le exigimos a la fiscal que buscara o investigara, ni que nos avisara si llegaban a agarrar a los responsables. Nosotros se lo dejamos a Dios”, expresó.
Sus palabras reflejaron el sentimiento de desamparo institucional que embarga a la familia tras la desaparición de Miguel Ángel y el asesinato de Patricia y Katia, crímenes que, consideran, podrían estar relacionados con las labores de búsqueda y activismo que ambas realizaban en Salamanca.
Pese al dolor y la incertidumbre, la familia aseguró que su única fortaleza permanece en la fe.
“Nosotros confiamos en Dios y sabemos que, algún día, Él va a actuar por nosotros”, concluyó el familiar.
Hasta el momento, la Fiscalía General del Estado mantiene abierta una investigación por el asesinato de madre e hija, ocurrido en la colonia 18 de Marzo, donde ambas fueron atacadas a balazos mientras viajaban en motocicleta un día antes del Día de las Madres.
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