León.- La atención particularmente en el área de urgencias del ISSSTE se ha convertido en malas experiencias para los derohabientes.
La escasez de medicamentos, la falta de insumos básicos, hacinamiento y los malos tratos por parte del personal médico y enfermerías el día a día
A decir de los usuarios, carece de fondos y mantenimiento adecuado.
Comprar desde gasas y pañales hasta fármacos especializados es la única opción para sobrevivir al desabasto.
Es el caso de Esteban López, un pensionado con un ingreso mensual de 10 mil pesos que se ha visto obligado a desembolsar hasta 20 mil pesos por medicamentos para el cáncer, además de adquirir por su cuenta insumos diarios para su madre.
“Por ejemplo hay que ir al Simis a conseguirlo, pero hay unos medicamentos muy caros que hay que ir a alta especialidad aquí en Mariano Escobedo y no, uno para pagar medicamentos de 17 mil 20 mil pesos, uno que es pensionado, o me los gasto para mí o les doy de comer a mi familia”
En su caso particular, la falta de abastecimiento de Losartán, básico para controlar la presión arteria, lo pone constantemente entre la espada y la pared.
Para él y su familia, la disyuntiva es insostenible: comprar medicina o comer. A esto se suma la angustiosa espera para la cirugía de su madre, pendiente no solo de un turno en quirófano, sino de que haya el material necesario para operarla.
“A veces no hay penicilina. Y uno tiene que conseguirlo hasta por fuera. Un ejemplo, yo tengo ahorita a mi mamá enferma, bueno yo creo que está en una etapa definitiva, hasta los mismos pañales están bien caros para adulto (...) Me dice que ahorita lo que falta es que en primer lugar, no hay quirófano para poder hacer la operación, pero también corre el riesgo de que al no haber todo el material indispensable pues, solamente que nosotros… una triste jeringa para poder inyectar”.
Afuera del área de urgencias, los rostros de los familiares reflejan impotencia, indignación y desgaste emocional.
Rocío —nombre protegido por temor a represalias— acudió a urgencias para que le recolocaran una sonda de gastrectomía a su padre, quien sufre las secuelas de un derrame cerebral. Además de recibir regaños por parte del personal, que no consideró la situación como una emergencia, la familia tuvo que esperar durante horas utilizando la camilla de la ambulancia de Bomberos en la que llegaron, pues el hospital no contaba con camas ni camillas disponibles.
“No solamente son de los doctores, sino también de los enfermeros en el área de urgencia, ¿por qué? Nosotros solicitamos una ambulancia al 911 del gobierno, entonces vienen a dejarnos y nos dicen que no hay camillas del ISSSTE y lo tienen en la camilla propiamente de este caso de los bomberos. Entonces, los bomberos no se pueden ir porque no hay camillas, lo tienen en un pasillo”
Esta saturación genera un efecto dominó que paraliza a los cuerpos de rescate de la ciudad. Al no liberar las camillas, las ambulancias de Protección Civil y Bomberos quedan retenidas en el hospital, imposibilitadas para atender otras llamadas de auxilio en el municipio.
Por si fuera poco, la atención a su padre se realizó en condiciones distantes a la higiene requerida:
"Estaban los doctores, estaba la cirujana y sus residentes, colocándole la sonda en un pasillo, no dentro propiamente. Estaba dentro del área de zona de urgencias, pero está en el pasillo. O sea. Uno va pasando y están los pacientes en las camillas"
El área de urgencias es señalada de manera reiterada por la falta de insumos, espacio y empatía. Ana Laura Aguas González acudió un martes con su madre de 70 años, paciente diabética que presentaba más de 40 grados de fiebre y un cuadro severo de hipoglucemia. Pese a que su médico la remitió con diagnóstico de urgencia, la atención jamás llegó.
"No hay medicamentos, te pasan y te dejan sentada en una sillita ahí en la sala de shock y nunca te dan nada. A pesar de que la señora tenía el pase del médico de urgente, de color amarillo según su triaje….para poderla pasar a otra institución”
Tras cuatro horas de espera en las que únicamente le proporcionaron dos tabletas de paracetamol a la mujer de la tercera edad, la familia decidió firmar el alta voluntaria para buscar atención médica privada y regresar al día siguiente con su nefróloga tratante.
Ante la impotencia vivida, la derechohabiente concluye con un amargo consejo para la ciudadanía:
Te puede interesar:"Quédate en tu casa, y tiéndete ti con paracetamol, que es todo lo que ellos te van a dar aquí”
/LT
