Celaya.- Cada 28 de octubre, la comunidad de La Concepción se llena de fe, color y devoción con la llegada de cientos de peregrinos que acuden a visitar a San Judas Tadeo. Pero en medio de la caminata, el cansancio y el fervor, hay una parada obligatoria que ya es toda una tradición impulsada por el cariño y la generosidad.
Desde hace aproximadamente cinco años, las puertas de la fonda “Mamá Tata” del mercado de abastos se trasladan simbólicamente al pie de la carretera. Los yernos e hijas de la fundadora instalan con entusiasmo un puesto comunitario con un solo propósito: regalar comida y un momento de calidez a quienes van a pagar sus mandas.
Detrás de las grandes ollas hay rostros comprometidos como el de don Guillermo y Carlos Torres, quienes junto a su familia comienzan los preparativos desde un día antes. La labor arranca puntualmente a las 3:00 de la madrugada para que, con la salida del sol, todo esté listo.
Este año el menú estrella fue el tradicional pozole, preparado con generosidad para alcanzar más de cien litros. Aunque en otras ocasiones han consentido a los asistentes con café, pan, sodas o tortas, la intención sigue siendo exactamente la misma: recibir a cada peregrino con los brazos abiertos y un plato caliente.

La dinámica es sencilla y de corazón. No importa si van llegando temprano o más tarde; cualquier persona que pase por el lugar es bienvenida a tomar un descanso y disfrutar de un alimento preparado con fervor y agradecimiento.
Son historias como esta las que reafirman que la fe en San Juditas no solo se demuestra con rezos, sino también con actos de hermandad y solidaridad que año con año alimentan el alma de toda la región.
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HP