El Día de la Cueva, celebrado cada 31 de julio en Guanajuato Capital, honra a San Ignacio de Loyola (1491-1556), fundador de la Compañía de Jesús y santo patrono de la ciudad.
La festividad, con 409 años de historia, tiene su origen en 1616, cuando el padre jesuita Diego Gómez, según la tradición, experimentó una visión de San Ignacio en una cueva del Cerro de la Bufa, en la Sierra de Santa Rosa.
Este evento llevó a la consagración de dos cuevas en honor al santo, una de las cuales, conocida como la Cueva Nueva, es el epicentro de las peregrinaciones anuales.

San Ignacio, canonizado en 1622, es venerado por su transformación espiritual tras abandonar la vida militar y fundar los jesuitas, cuya influencia en la evangelización y educación fue clave en Nueva España.
En 1609, Diego Gómez, un sacerdote jesuita destacado en Guanajuato, impulsó la devoción al entonces beato Ignacio, proponiéndolo como patrono para proteger a la ciudad de sus problemas.
Su insistencia culminó en 1616, cuando los habitantes, movidos por la visión reportada, declararon a San Ignacio patrono de Guanajuato, un hecho formalizado en 1624 por el Cabildo eclesiástico de Valladolid (hoy Morelia).
La visión de 1616, según el cronista Eduardo Vidaurri, ocurrió en una cueva que evoca la de Manresa, España, donde San Ignacio escribió sus "Ejercicios Espirituales".
Este paralelismo consolidó la devoción local, y desde entonces, cada 30 de julio, miles de peregrinos iluminan el Cerro de la Bufa con velas, culminando el 31 con una misa en la Cueva Nueva.
La festividad incluye cabalgatas, carreras y ferias, reforzando la identidad cultural guanajuatense.
No existen registros precisos sobre la biografía completa de Diego Gómez más allá de su rol como jesuita y su impacto en esta tradición.
Sin embargo, su legado perdura en la fe de los guanajuatenses, quienes ven en la Cueva de San Ignacio un símbolo de espiritualidad y resistencia cultural.

